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Matrimonio en Cristo (Sacramento del Matrimonio)

TEMA N° 2:  EL MATRIMONIO EN EL PLAN DE DIOS

 

Objetivo: Reflexionar en torno al plan originario de Dios sobre el matrimonio.



I) UNA VIDA, UNA RESPUESTA


Mitos

He aquí un conjunto de mitos en torno a la problemática cada vez más acuciante de la infidelidad matrimonial:

1. La infidelidad tiene que ver sólo con relaciones sexuales.

2. Todo el mundo es infiel.

3. El adulterio puede ser terapéutico para una pareja en crisis.

4. El amante debe ser más sexy que el cónyuge.

5. El adulterio, sin enamoramiento, es inofensivo.

6. La mejor reacción cuando uno es el engañado consiste en hacer como que “no se da cuenta” y así evitar una crisis.

7. La infidelidad es culpa del engañado, quien le falló al infiel hasta empujarlo al engaño.

8. La infidelidad debe terminar en separación.

 

Preguntas para compartir:

  1. ¿Qué opinan de estos mitos? ¿Concuerdan con alguno de ellos? ¿Por qué?
  2. ¿Realmente la fidelidad es una exigencia del matrimonio? ¿No será éste un mito cristiano?



II) LO QUE HEMOS DE CONOCER


El designio amoroso de Dios para el matrimonio

El matrimonio tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita de compañía: “No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él” (Gn 2,18). Hablaremos hoy de este designio amoroso cuya única finalidad es la felicidad del ser humano.

 

El designio de Dios sobre el matrimonio

Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, “de manera que ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19, 6). Y al bendecirlos, Dios les dijo: “Crezcan y multiplíquense” (Gn 1, 28).  Ante la pregunta de sus inquisidores, acerca de la posibilidad de divorcio, Jesús responde que, según el designio original divino, la unión matrimonial es indisoluble: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mc 10, 9).

 

Los fines del matrimonio

La alianza matrimonial del hombre y de la mujer, fundada y estructurada con leyes propias dadas por el Creador, está ordenada por su propia naturaleza a dos fines:

1.  A la comunión y al bien de los cónyuges

2.  A la procreación y educación de los hijos.

 

Los efectos del matrimonio sacramental

El sacramento del matrimonio crea entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo. Y es Dios mismo quien ratifica el consentimiento de los esposos. Visto así, el matrimonio rato y consumado entre bautizados no podrá ser nunca disuelto. Por otra parte, este sacramento confiere a los esposos la gracia necesaria para alcanzar la santidad en la vida conyugal y acoger y educar responsablemente a los hijos.

 

La novedad traída por Cristo

Jesucristo no sólo restablece el orden original del matrimonio querido por Dios, sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento, que es el signo del amor esponsal hacia la Iglesia: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo ama a la Iglesia” (Ef 5, 25).

 

No todos están llamados al matrimonio

El matrimonio no es una obligación para todos. En particular, Dios llama a algunos hombres y mujeres a seguir a Jesús por el camino de la virginidad o del celibato por el Reino de los cielos; éstos renuncian al gran bien del Matrimonio para ocupase de las cosas del Señor tratando de agradarle, y se convierten en signo de la primacía absoluta del amor de Cristo y de la ardiente esperanza de su vuelta gloriosa.

 

La amenaza del pecado

A causa del primer pecado, que ha provocado también la ruptura de la comunión del hombre y de la mujer, donada por el Creador, la unión matrimonial está muy frecuentemente amenazada por la discordia y la infidelidad. Sin embargo, Dios, en su infinita misericordia, da al hombre y a la mujer su gracia para realizar la unión de sus vidas según el designio divino original. Los pecados gravemente contrarios al sacramento del matrimonio son los siguientes: el adulterio, la poligamia, en cuanto contradice la idéntica dignidad entre el hombre y la mujer y la unidad y exclusividad del amor conyugal; el rechazo de la fecundidad, que priva a la vida conyugal del don de los hijos; y el divorcio, que contradice la indisolubilidad.

 

La posibilidad de una separación física

La Iglesia admite la separación física de los esposos cuando la cohabitación entre ellos se ha hecho, por diversas razones, prácticamente imposible, aunque procura su reconciliación. Pero éstos, mientras viva el otro cónyuge, no son libres para contraer una nueva unión, a menos que el matrimonio entre ellos sea nulo y, como tal, declarado por la autoridad eclesiástica.

 

El valor del buen testimonio

El sacramento del matrimonio tiene, además, un valor profundo, intenso: viene de Dios. Un Dios que bendice el amor, que acompaña a los esposos, que sostiene en las pruebas. También cuando hay traición, también cuando uno vive en soledad, abandonado, durante meses o años llenos de dolor. Ante las noticias de personajes famosos que van por el segundo, tercer o cuarto matrimonio, el heroísmo silencioso de esposos abandonados que siguen siendo fieles se clava como una invitación, un testimonio, de la fidelidad de Dios, de la fuerza del hombre o de la mujer que asume su situación con firmeza, desde convicciones profundas que el mundo, muchas veces, no comprende. Su ejemplo nos lleva a pensar en lo mucho que vale el amor, en lo hermoso que es el matrimonio, en lo grande que es la fidelidad. A pesar de la traición y la tristeza.



III) NO SÓLO DE PAN…


Hueso de mis huesos y carne de mi carne

Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando éste se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: "¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre". Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne   (Gn 2, 18. 20-24).



IV) CELEBREMOS NUESTRA FE


Oración de los novios


Señor nuestro, en tu nombre hemos unido nuestros corazones

y queremos ser fieles a tu plan originario sobre el matrimonio.

Tú quieres que los dos seamos uno, con una sola alma y un solo corazón.

Queremos que presidas nuestro amor, que defiendas, conserves y aumentes nuestra ilusión.

Quita de nuestro camino cualquier obstáculo que haga nacer la sombra o las dudas entre los dos.

Apártanos del egoísmo que paraliza el verdadero amor.

Líbranos de la ligereza que pone en peligro la gracia de nuestras almas.

Haz que, abriendo nuestras almas, merezcamos la maravilla de encontrarte cada día.

Haz que nuestro trabajo sea ayuda y estímulo para lograrlos plenamente.

Haz que comprendamos el verdadero amor y  el plan que tienes para nosotros

Y haz que el sueño de un hogar nuevo y de unos hijos nacidos de nuestro amor y del cuerpo,

sean realidad y camino que nos lleve rectamente a tu corazón.

Amén.



 


 
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